Antonio Javier Mateos Rojas, Coripe. (Foto Juan Manuel Guardado)

Artículo escrito por Antonio Javier Mateos Rojas, Coripe
Foto de Juan Manuel Guardado. Año 2019

Cuando me preguntan por la Semana Santa, siempre me quedo con la respuesta muy cerrada, pues pienso que todo el mundo espera que le hable desde el Domingo de Ramos hasta el de Resurrección, pero no opino así.

De nuevo, la revista Morón Cofrade, me ha vuelto a preguntar lo mismo. ¿Qué es para mi persona la Semana Santa? La nuestra, pues creo que voy a intentar ser un poco sincero con todos los que lean estas líneas, y espero no ofender a nadie y de antemano pido perdón si así lo hiciera.

Los cofrades estamos todo el año pensando, y si nos encontramos a un hermano, hablando de lo que es nuestra Semana Santa… Pero voy a ser más concreto. Como siempre se ha dicho, en el fervor cofrade y, sobre todo, costalero, que pase pronto el Rey Baltasar para que dé el pistoletazo a la realidad del cofrade. Pasado este día de Reyes, hago el ritual de volver a dar vida a todo aquello que quedó en penumbra y con un sabor de Amor, de lo que se vivió el año anterior. Así pues, saco las zapatillas blancas para igualar, costales, fajas, mochila y demás ropa del costalero. Por suerte divina, y siempre agradecido al capataz Martín Nieto, tengo que preparar las carpetas, imprimir las listas e ir añadiendo los que se fueron pasada la desarmá de los grupos de costaleros a los cuales yo pertenezco. Con mucho orgullo, realizo la labor de listero, que es un trabajo fascinante y que puedes estar más en contacto con el costalero.

Así es, querido lector cofrade. El día de la Epifanía del Señor, yo tengo mi particular “Miércoles de Ceniza”. Aquí comienzo mi caminar para prepararme para vivir la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor y, cómo no, acompañar a nuestra Santa Madre en sus sufrimientos.

Pues empezamos querido cofrade. Llegan las llamadas, las reuniones para poner en marcha, lo mejor posible, la maquinaria que es el motor humano de las cofradías. Qué mundo tan complicado y, a su vez, tan maravilloso. Por supuesto, el nerviosismo del día de la igualá. ¡Madre mía! Parece que eres un novato, que todo es nuevo, que esa ceniza imaginaria te ha hecho retroceder muchos años atrás. Llega. Nos vemos. Nos saludamos. Nos damos besos y abrazos. Y en los ojos de todos se refleja que ya estamos de nuevo preparando nuestro cuerpo y nuestra alma para el gran día. Los que ya llevamos más años, la risa nerviosa y el apretón mas grande. Los nuevos, que vienen pidiendo trabajo, la risa cortada o un poco serios, y un saludo, pues no quieren quedar mal… Si tuviésemos un pulsómetro todos puestos, el corazón iría a la misma velocidad. Bendito veneno del mundo del martillo y del costal.

Tras la igualá, pasamos a estructurar las trabajaderas, con un tacto, cuidado y cariño para que todo sea perfecto y, a su vez, ningún costalero sufra. En un abrir y cerrar de ojos, el primer ensayo. Vamos al trabajo de campo. ¿Quién no cierra los ojos escuchando una marcha y no se le viene una noche de ensayo, una revirá, una noticia, un abrazo, un reencuentro, y esas largas noches frías en las que dejas de ser ese hijo, ese marido o ese padre, tu profesión y tus penas para ser un COSTALERO y, por medio de un madero igual al que murió nuestro Señor, ser todos iguales.

Hacer la ropa a los nuevos o, mirar queridos lectores, ahora eso vamos viviendo, una moda en la que los jóvenes nos hacen los costales a los que pintamos canas. Están hechos unos fenómenos, una buena faja, y no nos olvidemos de esa convivencia en los ensayos, antes, durante y posterior, y mirando el reloj, diciendo que ya mismo tengo que estar trabajando. Esto es así, querido hermano, que nos quiten esas noches, que son siempre cortas, que nos da vida a los que morimos por estar ahí. Los hermanos costaleros y los que, sin ser hermanos, se comportan como tal, sabemos que no somos imprescindibles, pero miento si no digo que muy necesarios para las cofradías, sobre todo en nuestra localidad, que vemos que hay poca ilusión para disfrutar sacrificándote.

Querido lector, este que os habla además de costalero y listero es tertuliano, de la Tertulia Cofrade “El Pincel”. No puedo dejar atrás los actos que me hacen sentir y disfrutar más de esta particular Cuaresma mía. Tendremos el acto con el pregonero/a de la Semana Santa de Morón de la Frontera para entregarle su pluma, y entregaremos las pastas de nuestro pregonero/a íntimo/a. Y con la presentación de nuestro cartel anunciador siendo ya el décimo primer cartel.

Pues nos llega, ese retiro, que nos hace coger fuerza para afrontar el último escalón. Llega don Carnal. En esos días, vivimos un pequeño retiro en el desierto para llenar nuestra alma de fuerza y de vivir la Cuaresma familiar.

Con la impregnación de la ceniza en la frente, querido lector, empieza mi “Semana Santa” de lleno. Ya no hay vuelta atrás. Ahora ya tenemos casi todos los días algo: cultos internos o externos de nuestras hermandades, los últimos ensayos, las últimas reuniones preparatorias con juntas de gobierno, con bandas, con las floristerías, organización de las petalás, los móviles echando humo, las imprentas bloqueadas con boletines, estampitas o cuadros, actos de hermandades y actos de tertulias, presentaciones de carteles y un sinfín de cosas… Aunque no esté viviendo en Morón, no me quiero perder nada y como algo a destacar y espero y deseo que así siga siendo, la presentación de la revista de Morón Cofrade, la que he visto en la playa leyendo a personas, pues en Cuaresma, como he dicho, estamos saturados.

A todos lo que estéis leyendo este artículo, espero que tengáis una muy buena Semana Mayor, que os reencontréis con vuestros Santos Titulares, que viváis al máximo todo lo que podáis, pues esta Semana Santa 2021 no se volverá a vivir

Los días se aproximan y no hay año que no se tuerza algo, pero siempre con la ayuda del Señor todo va para adelante. Ya estamos recogiendo la ropa de salida, nueva sudadera, camiseta o corbata negra. El equipo del capataz, nos reunimos para el largo trabajo de los cuadrantes. Con mucho mimo y cariño, preparamos la “nómina” en trabajo que le corresponde a cada costalero.

Y llega otro destacado día de este tertuliano, nuestra Función Principal, el día antes del pregón, sábado de tertulia y de vivir a tope, para dejar los nervios atrás, donde ve la luz nuestro callejero, donde disfrutaremos del pregón íntimo y me preparo para el sprint final. Nos vamos a la cama, para que amanezca el Domingo de Pasión o de Pregón… Qué maravilla, qué disfrute que un hermano tuyo abra su corazón a todos, sin pudor y sin miedo. Qué grandes personas nos han ilustrado su particular Semana Mayor.

Pues lectores, llegó la última semana de mi particular Semana Santa. Aquí, ya sólo nos quedan los retranqueos, las papeletas de sitio e ir preparando las ropas para el gran día. Ahora sí, ahora ya estamos más nerviosos y, casi siempre, tenemos ese pequeño choque con algún hermano, pero no se puede evitar, estamos polo positivo con polo positivo, porque ya no somos dueños de nuestro cuerpo, ni mente. Ya pertenecen a nuestros santos titulares. Esta semana mágica, también aparecen todos los expertos en meteorología, pero hay que tomárselo con sosiego para aceptar lo estipulado por nuestro Señor.

Querido lector, aquí termina mi Semana Santa. Aquí termina la respuesta que me pidió la revista Morón Cofrade, porque ahora sólo queda que cada uno viva y disfrute su Estación de Penitencia, en concordancia con sus hermanos y hermanas, y todo lo que pueda decir yo, no es nada real, pues lo que se vive y se disfruta es inefable.

Termino dando las gracias a la revista, y a su director, por acordarse de este cofrade para dar unas pequeñas pinceladas de cómo vivo estas fechas. A todos lo que estéis leyendo este artículo, espero que tengáis una muy buena Semana Mayor, que os reencontréis con vuestros Santos Titulares, que viváis al máximo todo lo que podáis, pues esta Semana Santa 2021 no se volverá a vivir.

Abrazos para todos.