Cristo Expiración Morón, foto de Juan Manuel Guardado, 2018

Artículo escrito por Sara Jurado
Foto de Juan Manuel Guardado, Jueves Santo de 2018

Desde aquí quiero compartir contigo mis sentimientos cofrades. Esos que comenzaban y empiezan con un radiante Sol un Domingo de Ramos. -¡Que ya se escuchan los tambores! – Que ya llega la Borriquita a San Miguel y el Señor de la Bondad con su rostro sencillo vuelve a nosotros. Niños reparten sus primeros caramelos y estampitas mientras Él reparte bendiciones sobre su borriquita.

Ese Sol quiere quedarse a iluminar el moreno rostro del que nos cautiva. Con la marcha “Silencio Blanco” nos va sacando las lágrimas más sinceras que puedan llorarse, con su túnica morada o blanca… Pero siempre Él. Pero él tiene que marcharse otorgándonos “la Paz”. Es radiante, es pura, es blanca y es Madre. Nunca la deja sola su alta torre de San Miguel, que hasta en la bambalina delantera quiso quedarse.

Amanece el cielo nublado porque sufre Dios Padre al ver a su Dios Hijo muerto. Una agrupación musical le está esperando y costaleros desean subir con él esa cuesta para llevarlo a la catedral de la Sierra Sur.- ¿Qué es esa luz? – ¡Es una muchacha joven y guapa! La Virgen del Mayor Dolor ¡Guapa, guapa y guapa!

Silencio, que el dulcísimo amor duerme su Buena Muerte. Él es amor y qué le digo yo a su Madre, la salesiana rosa, la que a este sevillano cielo de Morón implora compasión… Cuánto dolor para Ella – ¿Por qué carga con las crueles injusticias? Tras su manto vuelve a sonar aquella marcha que un día compusiera Font de Anta, himno de la Semana Santa.

Llegó el Miércoles Santo y un barrio entero quiere con locura a su hermandad, a su Cristo de ojos verdes – ¡Bendito sea ese color! Tras él la niña rota del dolor, patrona de la Aviación.

Se marchó ese manto azul celestial para dejarnos con el que nos cuida y guía al comenzar la semana, con el que todo se hace más llevadero, el eterno aliento que nos da la vida. Como uno de mis poemas dice: – ¿Cómo fue Antonio Illanes capaz del rostro de Dios esculpir y divinizar? – Con Él está la Esperanza, la que nos mira, nos consuela y escucha. Yo, una hermana, te digo que Ella siempre me escucha y seguramente a ti también.

Cuando me deja el Jueves Santo, como si de un sueño se tratase, me deja con el Cristo de mi abuela y de la tuya. Me mira con su cara morena, gitana… Me suplica que no desampare a la Mujer que le dio la vida porque su corazón está lleno de puñales. -¡Ay Dolores!

Llegó la tarde y carga la Virgen con el fruto de su vientre. -¿Puede existir dolor más grande que ese? -Todas las mujeres que han perdido un hijo la comprenden y Ella es la que las consuela y les tiende su mano. Tras ese bello manto bordado, ese silencio que nos dejó D. Luis de Peña, el que jamás pudo perderse.

Sola, con la mirada perdida, se queda la Señora – ¿Y su pena? Guardada en sus lágrimas. Con cuánta dulzura llega porque tras ese dolor siempre nos queda la sonrisa de María, madre de la Soledad.

Desde hace pocos años, el Señor de los ojos azules nos lleva bendiciendo. Nos abraza con su cara de niño. La señora de los Ángeles está esperando ese Viernes de Dolores en el que pueda acompañarlo.