Miércoles Santo de Morón 2019. Foto de Manuel Romero

Artículo escrito por Manuel Romero
Foto de Manuel Romero, Miércoles Santo de 2019

Siempre se tienen preferencias, pero hablar de mis hermandades preferidas, de mis momentos preferidos o de mis tiempos preferidos, creo que en unas líneas no cabe todo. Sin embargo, intentaré expresar lo que siento y lo que anhelo.

Entré a este mundo cofrade de la mano de mi abuelo Curro, a principios de los sesenta. Bajábamos desde el barrio de Santa María hasta las puertas de San Miguel. Me sentaba en las escalinatas (no en estas de ahora, sino en las anteriores con el encanto de la plaza empedrada) y esperábamos la partida o la llegada de las hermandades. Luego, el día grande, cuando no se ponían las radios, se volvían o tapaban las imágenes de casa y se colgaban las escopetas de caza bocabajo, ese día, mi abuelo me levantaba temprano y me llevaba a ver la salida de Padre Jesús desde su ermita. Yo alucinaba y él recordaba su etapa como costalero bajo el Cristo. Él y mis tíos Antonio y Salvador.

Después de hacer la Primera Comunión, fui un nazareno frustrado de la hermandad de Loreto. Me faltó una peseta y el de turno me dejó sin túnica. Luego, pasada la Semana Mayor, me fui a la tienda del Tío Bigote y me gasté lo ahorrado. Nunca más intenté salir en otra cofradía. Eso sí, en las que estoy en nómina entré como creo que se debe de entrar: alguien quiso que fuese su hermano y lo seguimos siendo. Aunque primo sí fui de alguna, durante mucho tiempo.

Luego, gracias al futbol, también disfruté de la bajada de María Auxiliadora. Aunque no soy salesiano, por un balón que nos prestaban, siempre a cambio nos daban algún trabajo. Entre ellos, cuando tocaba, nos hacían subir desde la cochera de la huerta hasta la iglesia los carriles y el carrito de madera por donde bajaba la Virgen desde su camarín. Años después, tuve el gusto de diseñar y fabricar la nueva vía y el carrito por el que sigue bajando la imagen en la actualidad.

Ya en tiempos más cercanos, mis momentos preferidos son todos y cada uno de los que vivo en compañía de mis amigos, contertulios, mi gran familia y mi familia en cualquiera de las cofradías y en cualquier punto del recorrido o, simplemente, mirando por el visor de una cámara y viendo imágenes que nadie ve.

Es verdad que el Miércoles Santo sigue siendo muy especial para mí, ya que comienza nuestro retiro al convento para montar el altar de la exposición del Santísimo. Manolo, Pepe y yo pasamos dos días entre nuestras hermanas de Santa María. Sí, hermanas, porque después de más de veinte años ya las considero algo más que monjas de clausura. Hemos pasado juntos muchos momentos de todo tipo. En el recuerdo siempre llevaré a personas de esa santa casa.

El jueves día de una de mis hermandades, me genera dos sentimientos en mi mente. Inquietud, ya que hasta que no están en casa nuestros titulares no estoy tranquilo, y amargura, por todo lo que perdimos ese día y que tanto ayudaba a engrandecerlo.

Ahora, en este tiempo, si viviéramos un momento normal hablaría de la venia pedida el año pasado por mi nieta María, abriendo la Semana Mayor. Luego, por la tarde, mi nieto Alejandro saldría por primera vez con Nuestro Señor Cautivo. Gracias, Hijo de Illanes, por llamarlo a tu lado igual que tu hermano mayor llamó a su padre y a su tío, todo un orgullo para un cofrade como yo. Para mí, serian mis dos mejores fotos y, por supuesto, estos dos serían mis momentos cúlmenes.