Borriquita Morón, foto de Manuel Romero, 2014

Artículo escrito por Carlos Romero Espejo, fotógrafo de Morón Cofrade
Foto de Manuel Romero. Imagen de la Borriquita el Domingo de Ramos de 2014

Mucho ha llovido desde entonces. Desde niño me ilusionó mucho ver la Semana Santa de mi pueblo. Cuando era pequeño, mi madre, mi hermano y yo esperábamos que llegase mi padre de trabajar para subir a ver las cofradías por las calles del centro. Muy contento me ponía el Domingo de Ramos al ver el colorido de túnicas que acompañaban al Señor de la Bondad. Iban representaciones de todas las hermandades, junto a los niños vestidos de hebreo. Ese pasito pequeño con su palmera y su ruchito… Me llamaba la atención la multitud de gente que salía a la calle el Domingo de Ramos.

Una vez encerrada la Borriquita, estaba ansioso por que se abrieran las puertas de San Miguel, con tardes soleadas en las que las calles se teñían de blanco. Estaba contento porque vería dos pasos con sus dos bandas de música. Me acuerdo del paso de Nuestro Padre Jesus Cautivo, tan pequeñito, color caoba y monte de claveles rojos. Seguían pasando los nazarenos blancos y, detrás, la Virgen de La Paz, en su paso de plata y manto blanco.

El lunes me quedaba un poco triste, ya que no vería ningún paso, porque no salía ninguna hermandad, hasta que en 1989 volvió a procesionar la hermandad de la Merced. ¡Cómo me acuerdo de esa salida! Un cortejo muy peculiar, con la Virgen a los pies de la Cruz. Recorrieron multitud de calles y barrios de nuestro pueblo, aún me acuerdo del apodo que le pusieron “El Pollito“. En pocos años, cambió muchísimo la hermandad, gracias al trabajo de todos sus hermanos.

Martes Santo, silencio y racheo. ¡Qué diferentes eran los costaleros del paso de Cristo con túnica sin capirote y cargando al hombro! Hermandad muy seria. De hecho, cada vez que yo hablaba lo hacía en voz baja. Detrás del paso muchas cruces, seguidas de nazarenos bien uniformados y, al final, el palio con su Virgen de la Amargura y su peculiar mirada.

Llegamos al Miércoles Santo, miércoles de azules cielos, porque salía la patrona de la Base. Capirotes azules, cinturón de esparto y túnica blanca acompañaban al Señor de la Agonía. ¡Qué bonita imagen, tan chiquitita pero tan perfecta! Tras él, venía la Virgen de Loreto, con su manto azul. Recuerdo la gran participación de militares en el cortejo y, cómo no, su banda.

Me siento muy orgulloso de mi pueblo, de las hermandades y, por supuesto, de la Semana Santa de Morón

Al llegar el Jueves Santo me ponía triste, ya que veía que estaba llegando el fin de nuestra Semana Mayor. Por la mañana, visitaba la iglesia de la Compañía. Allí amanecían todos los altares con los jarrones tumbados. Era algo que me llamaba mucho la atención. En el fondo del templo, estaban los pasos montados. ¡Qué belleza acumulada en tan poco espacio! Una vez terminada la visita, bajábamos a la ermita de Jesús para ver las imágenes y sus pasos, que estaban también preparados para su salida.

Deseaba que dieran las 8 de la tarde para ir corriendo hacia La Compañía, donde salían nazarenos con capirotes rojos y verdes o, como yo les decía, los del Sevilla y los del Betis. Este día me quedaba embobado al ver el paso del Stmo. Cristo de la Expiración, una talla impresionante. Me quedaba observando a mi alrededor cuando se acercaba cómo a la gente le impresionaba dicha talla en su paso dorado, que más tarde, año 1993, pasó a ser propiedad de la Borriquita. Para concluir el cortejo venía la virgen de la Esperanza, con su manto verde.

Una vez que se encerraba, estaba deseando que llegase la hora para ir a ver la Madrugada, para ver a Ntro. Padre Jesús y a la Virgen de los Dolores. Era la hermandad que tardabas más en verla pasar, por el gran número de hermanos nazarenos que acompañaban a sus titulares. Túnicas moradas con cola recogida. Impresionante ver el trabajo de los hermanos costaleros tanto a la salida como a la entrada, al subir y bajar la cuesta que hay delante de la ermita.

Los dos pasos eran espectaculares. El del Cristo en caoba, que más tarde lo venderían al Miércoles Santo y el paso de palio siempre iba con la plata reluciente, la Virgen siempre acompañada con San Juan.

Una vez recogida la cofradía, había que comer y descansar ya que por la tarde salía el Santo Entierro, hermandad que me imponía mucho. Estaba triste, porque ya se había terminado todo. Veía pasar representaciones de todas las hermandades, hasta que llegaban los nazarenos negros. Cuánto silencio y respeto se apreciaba. Ni que decir tiene que se me ponían los bellos de punta al escuchar el racheo y crujir de la madera del paso del Yacente. Nadie se escuchaba, solo el racheo del costalero.

Años más tarde, la hermandad de la Soledad retomó de nuevo su salida por las calles de Morón. Esa primera procesión fue muy especial para mí, ya que pude llevar sobre mis hombros a tan bella Virgen. Hice la mitad del recorrido como costalero perteneciente a la cuadrilla del Stmo. Cristo de la Expiración. La otra mitad del recorrido la hicieron los hermanos costaleros de la Virgen de la Esperanza. Así quedó reflejado en un escrito antiguo, donde ponía que el año que volviera a salir tenía que ser portada por costaleros de la hermandad de la Compañía.

Ni que decir tiene que las hermandades, en general, han evolucionado mucho, todas, unas más que otras, gracias al trabajo de sus juntas de gobierno y el apoyo de sus hermanos, por lo que me siento muy orgulloso de mi pueblo, de las hermandades y, por supuesto, de la Semana Santa de Morón.