Iglesia de San Ignacio de Loyola la Semana Santa de 2020

Artículo escrito por José Siles Rodríguez

Este año el ensayo es más largo y pesado, pesado. Primer viernes de Cuaresma, tras la larga, larga espera de un largo, largo año. Ese ensayo en la pasada Cuaresma que nunca llegó a terminar y que en esta seguimos con ese interminable ensayo.

Este año, paso a paso sobre nuestros pies ya cansados de no andar, vamos en nuestros corazones racheando, camino hacia la puerta que espera ¿cerrada? para recogernos y poder descansar de este tan largo, largo ensayo.

En el recuerdo quedó esa Semana Santa, Semana Santa mal vivida, solo vivida en nuestros corazones tristes por no haber podido vivirla como siempre y como a los cofrades nos gusta, desde el Viernes de Dolores hasta el Sábado Santo, viendo el hasta luego en San Miguel de la Soledad. ¿Quién nos iba a decir, aquel Sábado Santo ya tan lejano de 2019, que ese hasta luego sería tan, tan largo? ¿Tendrá fin este año el largo, largo ensayo? Porque los kilos empiezan a pesar mucho, mucho más de la cuenta. El costal parece mucho más tieso y molesto. La morcilla está más clavada que nunca y la trabajadera cae encima, más pesada que nunca. ¡Cuán pesada está este año!

Recuerdo o ¿ha sido un sueño? cómo la pasada Cuaresma se quebró de pronto y esa puerta del Domingo de Ramos nunca llegó a abrirse, no dando paso así a lo que estaba por venir. Todo quedó en los sueños de nuestro corazón de cofrade. Todo nos cayó encima, como esos kilos que en el peor ensayo nos caen y se hacen cada vez más pesados y eternos. ¡Qué largo, largo está siendo este tan largo, largo ensayo espero! Que acabe de una vez este año.

Hasta mis oídos llegan los sones de una marcha que suena mientras el folio en blanco se va llenando de curvaturas que mi lápiz, poco a poco, va trazando. El ensayo se va escribiendo con la escucha de la marcha “Costalero”. Su reproducción esta Cuaresma será en una emisora online que he encontrado. Esta Cuaresma tampoco podremos escuchar a alguna banda dando algún concierto en directo, disfrutando de esos momentos con algún amigo y charlando de lo que nos gusta.

Igual que las tardes, poco a poco, van alargándose, alarguemos en nuestros corazones la Fe y vivamos este año con la Esperanza de que este largo, largo ensayo termine de una vez

No asistiremos al Vía Crucis de ninguna hermandad, ni a ninguna presentación de algún cartel, esos que dan imagen y color a paredes o escaparates. Por segundo año, no tendremos la Cruz de Guía de nuestra Semana Santa, como Juan Jose García la llamó, en su presentación de “Morón Cofrade”. ¡Qué largo, largo es este ensayo, ¿Cuándo acabará?

Espero que esta Semana Santa podamos, de alguna forma, ir a visitar a nuestras tan queridas imágenes y poder rezar ante ellas como el año pasado no pudimos hacer. Al menos que la de este año sea algo diferente a la pasada.

Qué ensayo tan largo, largo y pasado. Ese desayuno de la tertulia “El Aguaó”, la mañana del pregón acompañando al pregonero. Qué largo, largo y pesado se está haciendo… El café con tostá ya tendría que haber terminado, pero después de un año no aún no ha empezado. Ese pregón escrito y que, seguro, nunca escucharemos como fue concebido, pues después de lo vivido a lo largo de la espera seguro escribirá otro, si no en su totalidad, sí en muchos de sus párrafos. Deseando que de una vez acabe este desayuno, amigo Ezequiel.

Qué largo, largo el ensayo. Las suelas de las zapatillas no se van a gastar pero nuestros corazones se llenan del desasosiego de esta interminable espera, preguntándome qué podría estar haciendo o viviendo hoy. Igual que las tardes, poco a poco, van alargándose, alarguemos en nuestros corazones la Fe y vivamos este año con la Esperanza de que este largo, largo ensayo termine de una vez.